Por Dr. Benítez del Castillo. Profesor de oftalmología en la Universidad Complutense de Madrid.
Muchos pacientes acuden a la consulta con una queja desconcertante: «Doctor, me lloran los ojos constantemente». Sin embargo, tras la exploración, el diagnóstico suele ser el opuesto: enfermedad de ojo seco.
Sentir «arenilla», notar fatiga visual al final del día o ver borroso al leer son señales de que el delicado arco reflejo de tu visión ha fallado. La unidad funcional conecta la superficie ocular con el cerebro a través del nervio trigémino, que detecta la sequedad, enviando una señal para que el nervio facial ordene la producción de lágrima. Cuando este equilibrio se rompe, entramos en una patología que ya afecta profundamente la calidad de vida moderna.
1. La paradoja del lagrimeo excesivo
¿Cómo es posible que un ojo seco produzca lágrimas en exceso? La clave reside en la calidad, no en la cantidad. La lágrima natural es una estructura compleja:
- La glándula lagrimal: Produce el 99% del volumen de la lágrima (agua con más de 600 sustancias disueltas).
- Las glándulas de Meibomio: Situadas en los párpados, segregan una fina capa de grasa (lípidos). Si estas glándulas grasas fallan, el agua se evapora instantáneamente. El ojo, al sentirse desprotegido, activa el arco reflejo y ordena una descarga masiva de agua. El resultado es un ojo que llora mucho, pero cuya lágrima es de «mala calidad» porque carece del lubricante graso necesario. Es el intento desesperado del ojo por evitar la fricción, llegando incluso a producir un exceso de mucosidad.
2. Tu pantalla es un «ladrón de parpadeos»
El estilo de vida actual es el motor de esta patología. En condiciones normales, parpadeamos entre 15 y 20 veces por minuto. Sin embargo, al fijar la vista en una pantalla, esa frecuencia cae drásticamente a sólo 4 veces por minuto. Para combatir este «robo», los especialistas recomiendan la regla 20-20-20: cada 20 minutos de pantalla, descansa 20 segundos mirando a 20 pies (unos 6 metros) de distancia.
El aumento de la esperanza de vida y nuestro entorno (pantallas, aire acondicionado y dietas pobres en Omega-3) han disparado la prevalencia en España: el 12% ya está diagnosticado, pero hasta un 22% de la población presenta síntomas.
3. Una ventana a tu salud sistémica
El ojo seco no es solo una molestia local; a menudo es un indicador de enfermedades autoinmunes. Mientras que en la población general la prevalencia es del 5-17%, en pacientes con artritis reumatoide la cifra salta al 19-31%. Además, la ciencia ha evolucionado del término «síndrome» a la enfermedad de Sjögren, al comprenderse ya su fisiopatología inflamatoria.
La gravedad de esta condición se entiende mejor al analizar su impacto:
- Sensibilidad extrema: La córnea tiene entre 300 y 600 veces más terminaciones nerviosas que la piel, y es de 20 a 40 veces más sensible que la pulpa dentaria.
- Calidad de vida: Un ojo seco moderado-grave equivale al impacto de una angina de pecho moderada-grave. Impide conducir de noche o leer, provocando «presentismo»: estar en el trabajo pero ser incapaz de producir por el dolor visual.
4. El peligro en el neceser y las gotas «magistrales»
Ciertos hábitos y tratamientos pueden agravar el cuadro de forma alarmante:
- Waterlining: Pintarse la raya interna del ojo con maquillaje waterproof es crítico. Estos productos contienen ceras y alquitránes que taponan físicamente las glándulas de Meibomio, impidiendo la salida de la grasa protectora.
- Fórmulas magistrales vs. Ikervis: En muchos centros se ofrecen «fórmulas magistrales» de farmacia para ahorrar costes. Sin embargo, estas preparaciones suelen contener cloruro de benzalconio (BAK), un conservante altamente tóxico, u otros parecidos. A diferencia de opciones comerciales seguras como la ciclosporina (Ikervis), las fórmulas magistrales carecen de estudios que garanticen que el fármaco no pase a la sangre.
5. Del masaje al «parpadeo forzado»
El tratamiento doméstico ha sufrido un cambio de paradigma. Durante años se recomendó masajear los párpados, pero hoy sabemos que frotarse los ojos es peligroso: puede inducir queratocono (la córnea se adelgaza y adopta una forma cónica) o, lo que es más grave, provocar desgarros de retina debido a la tracción del vítreo. La técnica de vanguardia consiste en:
- Calor eficaz: Aplicar un antifaz de microondas o discos de agua caliente durante al menos 2 minutos para licuar la grasa sólida.
- Parpadeo forzado: Tras el calor, realizar 10-20 parpadeos fuertes (apretando los párpados con fuerza). Este gesto natural «ordeña» las glándulas de forma segura, distribuyendo los lípidos sin presionar el globo ocular ni poner en riesgo la retina.
Conclusión: Un compromiso con tu salud visual
El ojo seco es una enfermedad crónica e inflamatoria. Aunque no tiene una cura definitiva, es controlable mediante un enfoque integral: educación ambiental, suplementación con Omega-3 de alta calidad y el uso de antiinflamatorios específicos que estabilicen la unidad funcional.
En un mundo diseñado para que no dejes de mirar la pantalla, ¿cuándo fue la última vez que le diste a tus ojos el descanso y la hidratación que realmente necesitan?


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