Convivir con una enfermedad reumática transforma muchas facetas de la vida, y la familia no es una excepción. Hoy compartimos el testimonio de Fernando Aguilera, un socio de ConArtritis de 67 años que convive con su patología desde los 51.
A través de su experiencia como padre de dos hijos (de 41 y 36 años) y, en la actualidad, como abuelo muy presente, Fernando nos habla de los retos físicos, el impacto emocional y la importancia vital de la empatía.

El reto de ser abuelo: Amor y cansancio
La enfermedad llegó a la vida de Fernando cuando sus hijos ya eran mayores, por lo que no tuvo que lidiar con las exigencias físicas de la primera infancia en ese momento. Sin embargo, hoy en día se ocupa de su nieto mientras los padres trabajan.
Aunque disfruta de esta etapa, la realidad de la enfermedad se hace presente en las rutinas de juego. Fernando reconoce que nota la dificultad a la hora de agacharse y levantarse jugando con el pequeño, terminando la jornada cansado. Afortunadamente, su situación de jubilado le permite gestionar mejor los tiempos, coordinándose con los otros abuelos para cubrir sus asistencias a consultas médicas o cuando tiene que viajar.
El impacto emocional y la barrera de la incomprensión
A lo largo de estos 16 años de diagnóstico, el camino no siempre ha sido fácil. Fernando recuerda momentos duros marcados por el dolor y el cansancio. Sus propios hijos eran testigos de cómo la enfermedad le afectaba, quitándole muchas veces las ganas de salir o de celebrar en familia.
A nivel laboral, la situación tampoco fue sencilla en el pasado; Fernando recuerda que su antigua empresa no contaba con medidas de conciliación, lo que hacía que compaginar el trabajo y la familia durante los brotes de la enfermedad fuera especialmente difícil.
Además del desafío físico, Fernando tuvo que hacer frente al estigma de los síntomas invisibles. Fuera de su círculo más íntimo, sintió que su entorno no le brindaba la suficiente comprensión, ya que les costaba entender los efectos reales de la enfermedad, como el cansancio extremo o la falta de ganas de moverse.
Una red de apoyo basada en la empatía
A pesar de la incomprensión externa, Fernando ha contado con pilares fundamentales. Destaca el gran respaldo que ha recibido por parte de su equipo médico. Hoy en día, gracias a la medicación, la enfermedad está controlada y le está dando un respiro.
En el plano personal, el apoyo más significativo lo encuentra en su pareja, quien le muestra una gran empatía al convivir ella también con artritis reumatoide.
Un mensaje para el futuro
Convivir con esta patología ha dejado en Fernando un aprendizaje profundo: le ha enseñado a ser más flexible y empático con los demás.
Para todos aquellos padres y abuelos que se encuentran en su misma situación, o para quienes van a dar ese paso pronto, Fernando deja un consejo esencial:
«Busquen apoyo y comunicación con su entorno familiar y de amigos, explicando cómo nos afecta la enfermedad».


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