Dra. Cristiana Sieiro Santos, MD, PhD
Reumatóloga e investigadora posdoctoral
Universidad de Manchester, Reino Unido

Las enfermedades reumáticas inflamatorias, como la artritis reumatoide, la artritis psoriásica, la artritis idiopática juvenil y las espondiloartritis, suelen asociarse con dolor, inflamación y rigidez articular. Sin embargo, su repercusión clínica va mucho más allá de las articulaciones.

Estas enfermedades se caracterizan por una activación del sistema inmunitario que puede afectar a diferentes órganos y tejidos. Esto favorece la aparición de manifestaciones extraarticulares, directamente relacionadas con la enfermedad, y de comorbilidades, otras patologías que coexisten con ella y pueden modificar su evolución, tratamiento y pronóstico.

Estudios internacionales como COMORA, realizado en pacientes con artritis reumatoide, y ASAS-COMOSPA, en espondiloartritis, han demostrado la elevada frecuencia de estas complicaciones y la importancia de su detección sistemática. [1,2]

Ilustración de una paciente con una tableta hablando con su médico en la consulta; sobre ellos, un bocadillo con un corazón.

Riesgo cardiovascular: cuando la inflamación afecta al corazón

La enfermedad cardiovascular constituye una de las principales causas de mortalidad en las enfermedades reumáticas inflamatorias. La inflamación sistémica persistente favorece la disfunción del endotelio vascular y acelera la aterosclerosis, aumentando el riesgo de infarto de miocardio, ictus e insuficiencia cardiaca. Este riesgo se añade al asociado con hipertensión, diabetes, dislipemia, obesidad o tabaquismo. [3]

Sin embargo, los pacientes no siempre son conscientes de este riesgo. En un estudio de nuestro grupo de investigación, realizado en 180 personas con enfermedades autoinmunes sistémicas, observamos que, aunque el 56 % percibía un riesgo cardiovascular elevado a diez años, solo el 45 % reconocía que la propia enfermedad autoinmune podía incrementar el riesgo de infarto, incluso sin otros factores tradicionales. Además, el 46,7 % desconocía el riesgo cardiovascular asociado a los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) [11]. Estos resultados evidencian la necesidad de mejorar la educación sanitaria y de incorporar la evaluación del riesgo cardiovascular a las revisiones habituales.

Aunque algunas complicaciones son silenciosas, síntomas como dolor torácico, palpitaciones, dificultad respiratoria, hinchazón de piernas o disminución de la tolerancia al ejercicio deben comunicarse al equipo sanitario.

Enfermedad pulmonar intersticial difusa: reconocer los primeros síntomas

La enfermedad pulmonar intersticial difusa (EPID) constituye una de las manifestaciones extraarticulares más relevantes de la artritis reumatoide por su impacto sobre la calidad de vida y el pronóstico. Se caracteriza por procesos inflamatorios y/o fibróticos que afectan al intersticio pulmonar, alterando la arquitectura del pulmón y dificultando el intercambio gaseoso.

Aunque las alteraciones pulmonares detectadas mediante pruebas de imagen pueden ser relativamente frecuentes, la EPID clínicamente significativa afecta a una proporción menor de pacientes. Entre los factores de riesgo se encuentran la edad, el tabaquismo y determinados perfiles de autoanticuerpos.

La tos seca persistente, la dificultad respiratoria progresiva y la disminución de la capacidad para realizar esfuerzos habituales constituyen las principales señales de alerta. No obstante, algunas personas pueden presentar afectación pulmonar antes de desarrollar síntomas.

La evaluación se basa en pruebas funcionales respiratorias, especialmente la capacidad vital forzada (FVC) y la capacidad de difusión de monóxido de carbono (DLCO), junto con la tomografía computarizada de alta resolución (TCAR).

Las recomendaciones ACR/CHEST destacan la importancia de la detección precoz y la monitorización de la EPID, ya que algunos pacientes pueden desarrollar fibrosis pulmonar progresiva, asociada con deterioro funcional y mayor mortalidad. [4]

Ojos, piel e intestino: manifestaciones que no debemos ignorar

Las enfermedades reumáticas inflamatorias pueden afectar a los ojos, la piel y el aparato digestivo, especialmente en las espondiloartritis y la artritis psoriásica.

La uveítis anterior aguda puede manifestarse con dolor ocular, enrojecimiento, sensibilidad a la luz y visión borrosa, y requiere valoración oftalmológica urgente. En la artritis reumatoide también pueden aparecer ojo seco, epiescleritis o escleritis. En determinadas formas de artritis idiopática juvenil, la uveítis puede ser asintomática, por lo que las revisiones oftalmológicas periódicas son esenciales.

La psoriasis, asociada a la artritis psoriásica, produce placas rojizas y descamativas, especialmente en cuero cabelludo, codos y rodillas. También puede afectar a las uñas, provocando pequeñas depresiones (pitting), engrosamiento o separación de la uña (onicólisis).

Asimismo, las espondiloartritis pueden asociarse con enfermedad inflamatoria intestinal, como enfermedad de Crohn o colitis ulcerosa. La diarrea persistente, el dolor abdominal recurrente, la sangre en las heces o la pérdida de peso inexplicable son síntomas que deben comunicarse al especialista.

Reconocer estas manifestaciones permite detectar precozmente la afectación de otros órganos y adaptar el tratamiento. [5,6]

Infecciones: la importancia de la prevención

Las personas con enfermedades reumáticas inflamatorias presentan un mayor riesgo de infecciones debido a la alteración de la respuesta inmunitaria, la inflamación crónica y determinados tratamientos, especialmente los glucocorticoides y algunos fármacos inmunosupresores. [7]

La aparición de fiebre, tos persistente, dificultad respiratoria o un deterioro inexplicable del estado general debe motivar una valoración médica, especialmente en pacientes inmunodeprimidos.

La prevención es fundamental: mantener actualizado el calendario vacunal, incluyendo las vacunas recomendadas frente a gripe, neumococo y herpes zóster, y realizar el cribado de infecciones latentes, como tuberculosis o hepatitis B, antes de iniciar determinados tratamientos. [8]

Osteoporosis y salud mental: comorbilidades que no debemos olvidar

La osteoporosis es una complicación frecuentemente silenciosa. La inflamación crónica, la disminución de la actividad física y el uso prolongado de glucocorticoides favorecen la pérdida de masa ósea y aumentan el riesgo de fracturas por fragilidad. Por ello, es importante comunicar fracturas tras traumatismos leves, pérdida de estatura o dolor vertebral persistente, así como evaluar periódicamente el riesgo de fractura. [9]

La salud mental también constituye una dimensión esencial de estas enfermedades. La ansiedad y la depresión pueden asociarse con mayor discapacidad, menor adherencia terapéutica y peor calidad de vida. Los cambios persistentes del estado de ánimo, las alteraciones del sueño o las dificultades para afrontar la enfermedad deben comunicarse durante las consultas, ya que su detección y tratamiento forman parte de una atención integral. [10]

Reconocer los síntomas para mejorar el pronóstico

Uno de los principales desafíos en el seguimiento de las enfermedades reumáticas inflamatorias es que algunas complicaciones pueden desarrollarse de forma silenciosa o manifestarse inicialmente mediante síntomas inespecíficos. No toda fatiga debe atribuirse a la enfermedad reumática, ni toda dificultad respiratoria a la falta de ejercicio o al envejecimiento.

Comunicar cualquier síntoma nuevo, persistente o progresivo permite identificar precozmente manifestaciones extraarticulares, comorbilidades o posibles efectos adversos de los tratamientos, evitando retrasos diagnósticos y reduciendo el riesgo de daño orgánico irreversible. Ante síntomas como dolor torácico intenso, dificultad respiratoria súbita, pérdida repentina de visión o alteraciones neurológicas agudas, es fundamental buscar atención médica urgente.

El abordaje de estas enfermedades debe ir más allá del control de la inflamación articular, integrando la prevención cardiovascular, la detección precoz de complicaciones, el seguimiento de las comorbilidades y la atención multidisciplinar.

En este contexto, la educación sanitaria y la participación activa de los pacientes son esenciales. Conocer los riesgos, reconocer las señales de alerta y mantener una comunicación abierta con los profesionales sanitarios facilita la toma de decisiones compartida y contribuye a mejorar los resultados a largo plazo.

Porque tratar una enfermedad reumática no significa únicamente controlar el dolor y proteger las articulaciones, sino prevenir complicaciones, preservar la función de los órganos y mejorar tanto la calidad como la esperanza de vida.

Referencias bibliográficas

  1. Dougados M, et al. Prevalence of comorbidities in rheumatoid arthritis and evaluation of their monitoring: results of an international, cross-sectional study (COMORA). Ann Rheum Dis. 2014;73:62–68. https://doi.org/10.1136/annrheumdis-2013-204223
  2. Moltó A, et al. Prevalence of comorbidities and evaluation of their screening in spondyloarthritis: results of the international cross-sectional ASAS-COMOSPA study. Ann Rheum Dis. 2016;75:1016–1023. https://doi.org/10.1136/annrheumdis-2015-208174
  3. Ferguson LD, et al. Cardiometabolic comorbidities in RA and PsA: lessons learned and future directions. Nat Rev Rheumatol. 2019;15:461–474. https://doi.org/10.1038/s41584-019-0256-0
  4. Johnson SR, et al. 2023 ACR/CHEST Guideline for the Screening and Monitoring of Interstitial Lung Disease in People with Systemic Autoimmune Rheumatic Diseases. Arthritis Rheumatol. 2024;76:1201–1213. https://doi.org/10.1002/art.42860
  5. van der Horst-Bruinsma IE, Nurmohamed MT. Management and evaluation of extra-articular manifestations in spondyloarthritis. Ther Adv Musculoskelet Dis. 2012;4:413–422. https://doi.org/10.1177/1759720X12458372
  6. Tharwat S, et al. Extraarticular manifestations of juvenile idiopathic arthritis and their impact on health-related quality of life. Clin Rheumatol. 2024;43:2295–2305. https://doi.org/10.1007/s10067-024-07008-0
  7. Mehta B, et al. Serious infection risk in rheumatoid arthritis compared with non-inflammatory rheumatic and musculoskeletal diseases. RMD Open. 2019;5. https://doi.org/10.1136/rmdopen-2019-000935
  8. Fragoulis GE, et al. 2022 EULAR recommendations for screening and prophylaxis of chronic and opportunistic infections. Ann Rheum Dis. 2023;82:742–753. https://doi.org/10.1136/ard-2022-223335
  9. Buttgereit F, et al. Osteoporosis and fracture risk are multifactorial in patients with inflammatory rheumatic diseases. Nat Rev Rheumatol. 2024;20:417–431. https://doi.org/10.1038/s41584-024-01120-w
  10. Vestergaard SB, et al. Prevalence of anxiety and depression and the association with self-management behaviour in more than 12,000 patients with inflammatory rheumatic disease. RMD Open. 2024;10. https://doi.org/10.1136/rmdopen-2023-003412
  11. Sieiro Santos C, Oliveira MM, Solari PN, Mateus P, Santos MJ, Corominas H, Castro CÁ, Álvarez ED. Cardiovascular disease in patients with systemic autoimmune diseases: The relationship between self-perceived risk and actual risk. Reumatol Clin (Engl Ed). 2024 May;20(5):229-236. doi: 10.1016/j.reumae.2024.05.002. PMID: 38880551.